sábado, 6 de abril de 2013

El Principito, felices 70 años!


El Principito - Le Petit Prince
... planetas imaginarios, personajes singulares y aquel niño de cabellos rubios y alborotados, en cuyo corazón nacían infinitos cuestionamientos, reflexiones y preguntas sobre el sentido de la vida. Hoy 6 de Abril de 2013 cumple 70 años, han pasado ya muchos años de su primera publicación en NY, pero el alma y su sencilla sabiduría siempre serán las de un niño.

En todo el mundo millones de personas han disfrutado de esta historia, de los mensajes de valor y de sus metáforas. 
A millones de personas nos resulta muy familiar cada una de sus ilustraciones, el planeta de 'El Principito', las estrellas, los árboles... casi iconos, cada una de las escenas de esta historia.
Pero en esta ocasión, he pensado que nada más bonito que revivirlo y homenajearlo con una ilustración actual de este pequeño personaje. Su creadora, una ilustradora que hace de sus imaginación y creatividad imágenes sensiblemente especiales, ella es Begoña Fernández Corbalán, quien me ha dejado encantada con su estilo, su técnica y toda la belleza con que crea sus personajes. Pasad a verla por su blog! Y gracias Begoña por permitirme compartir en mi blog tu ilustración ;)

Por último, os dejo con una publicación de Milenio, reseña de lo que ha sido este pequeño Grande! durante estos 70 años transcurridos, lo que es y lo que será.



Desde su publicación -en 1943- ha conmovido a lectores de todas las edades sin importar su origen. En Japón se le ha dedicado un museo y en Nueva York y Québec hay placas que honran a su autor. Este libro ha sido traducido a aproximadamente 300 lenguas, además de contar con numerosos audiolibros, películas, una serie de televisión y una versión dirigida a los débiles visuales.
Por si fuera poco, el legado de Antoine de Saint-Exupéry se ha consolidado en una fundación, la cual busca ayudar a niños y jóvenes de cualquier parte del mundo que necesiten apoyo para llevar a cabo proyectos sociales que beneficien a sus comunidades. También existe un reconocimiento que lleva su nombre, destinado a jóvenes destacados y hasta el aeropuerto de Lyon tiene su apellido.
A lo largo de la narración de El principito visitamos planetas imaginarios en los cuales el pequeño rubio mantiene diálogos con personajes muy particulares creados por la pluma del francés De Saint-Exupéry, quien además de escribir dedicó su vida a la aviación.
Durante sus múltiples vuelos alrededor del mundo presenció imágenes impresionantes de la naturaleza, de la guerra y de los hombres. Vivió en carne propia la soledad en medio del desierto y también conoció la fraternidad incondicional de sus colegas pilotos y la tristeza cuando alguno de ellos moría en un accidente.
Nació en la ciudad de Lyon, en el sur de Francia en 1900, y perdió a su padre cuando era muy niño, por lo cual su madre se hizo cargo de una familia numerosa: tres niñas, otro hermano y Antoine.
Cada verano estaba lleno de sorpresas y nuevos descubrimientos. La costumbre de la familia era pasar esta temporada en la casa de una de sus tías. Esta casona, casi castillo, se conoce como Château Saint-Maurice-de-Rémens, ubicada al norte de Lyon. Cerca de ahí su curiosidad lo llevó a su gran pasión. A un costado de esta propiedad había un terreno en el cual se hacían pruebas con aviones y otras aeronaves. Para Saint-Exupéry era fascinante observarlos y hablar con los mecánicos y técnicos como todo un experto. Cada temporada era una nueva aventura hacia el mundo de la aviación.
Durante sus años escolares, estudió en un colegio de jesuitas, más tarde experimentó la bohemia en París y conoció el arte y los espectáculos de la época.
Después de un periodo de incertidumbre, gracias a un amigo se acercó a la geografía y a la cartografía y posteriormente decidió empezar a entrenarse para piloto aviador y así es como empieza en la aviación civil. Su carrera va en ascenso y sus ojos se sorprenden y maravillan al conocer África del Norte, Sudamérica, pero sobre todo, la increíble experiencia de volar y de sentirse más vivo en el cielo que en la tierra.
Trabajó como piloto aeropostal y su gran habilidad y constancia para acumular horas de vuelo lo llevaron a pertenecer al ejército. Sus sentimientos, reflexiones y preguntas sobre los valores humanos, son los mismos que plasmó en El principito cuando nos presenta a un piloto al que se le averió su avión en el desierto del Sahara y de repente se le aparece un niño pidiéndole que le dibuje un cordero.
De ahí en adelante, las boas serpientes, las flores y un geógrafo nos llevan de la mano hacia una disertación sobre el ser humano pasando del asteroide 612 a otros planetas ilustrados con hermosos dibujos del mismo Saint-Exupéry que fueron realizados originalmente sobre papeles sueltos e inclusive servilletas de papel.
Hay muchos temas en la obra. Las estrellas y las flores son solamente uno de los más sensibles de los que habla El principito porque cuando el alma toca las estrellas y éstas el corazón de un niño, el mundo nuevamente tiene sentido.
De Saint-Exupéry siempre vivió en carne propia o muy cerca los accidentes aéreos. De ahí que una larga noche varado en el desierto surgieran muchas de sus obras. Cuando escribió El principito ya se había consolidado como escritor y había tenido mucho éxito en Estados Unidos. Otras de sus obras son El aviador, Correo del sur, Vuelo nocturno, Tierra de hombres y Ciudadela. Como reportero de guerra escribió numerosos artículos de la situación política y militar en España y durante una estancia en la antigua Unión Soviética también reportó los acontecimientos sobre el totalitarismo de Stalin.
Durante 1944 nuevamente se enroló como piloto para el ejército y murió en un accidente aéreo en el mar Mediterráneo. Su vida, llena de emociones, aventuras y tristezas, ha sido fuente de inspiración para cómics. Tal es el caso del francés Joann Sfar, quien retoma al mismo Saint-Exupéry en un cómic con El principito.
A 70 años de su aparición (se cumplen el 6 de abril) y con el proyecto de convertir en museo a su entrañable casa de verano, El principito está más vigente que nunca y nos invita a observar cada día todos los detalles de la naturaleza, a mirar hacia las estrellas y tocar nuestro corazón.

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